Desde la caída de Villarroel hasta la revolución nacional, el país vivió un intenso proceso de agitación donde los trabajadores mineros eran cada vez más radicales y los gobiernos de la rosca más represivos.
El gobierno de Villarroel fue un esfuerzo de la generación del Chaco por acentuar las reformas económico-sociales de Busch. Se frustró debido a la represión y autoritarismo que le enajenaron el apoyo popular.
Desde mediados del siglo XVI, bajo el amparo de las fabulosas riquezas de Potosí y hasta años recientes, la minería fue la base de la economía boliviana. Esta actividad, aunque lucrativa, significó atraso y explotación.
La Guerra del Chaco trajo consigo una profunda reflexión sobre la realidad nacional; se organizaron nuevos partidos reflejo de las ideologías mundiales en boga.
La Guerra del Chaco creó una conciencia nacionalista y de defensa de los recursos naturales. Las ideas liberales dieron paso al capitalismo de Estado, aunque bajo el rótulo de “socialismo”.
El aprovisionamiento de agua potable se convirtió en detonante de la guerra Bolivia-Paraguay. La pugna por poseer este vital elemento, muy escaso en el árido Chaco, dio lugar a los más encarnizados combates.
La Guerra del Chaco tuvo lugar en medio de las dificultades de la Gran Depresión. El colapso de la industria minera dio lugar al desempleo y pobreza del país con los consiguientes desajustes y agitación social.
La formación de nuevas repúblicas en base a los territorios que pertenecieron a España y Portugal dio lugar a conflictos limítrofes debido a la imprecisión de las antiguas fronteras coloniales.
La crisis económica de 1929 originada en los Estados Unidos se expandió al resto del mundo afectando profundamente a nuestra economía basada en la exportación de materia prima.
La tendencia de la economía minera extractiva orientada a la exportación por los puertos del Pacífico que empezó con la plata a fines del siglo XIX, continuó después del traslado de la sede de gobierno a La Paz.