Guion

Iniciación en el comentario de una obra literaria.

Guion de lectura de una obra.

– Ficha referencial.

– Texto.

– Idea temática.

– Modo de expresión.

– Estilo y corrección expresiva.

La lectura - Lenguaje y Literatura - Guion

Ficha Referencial: Tarjeta

Lagerlof, Selma:

n. 1858, m. 1940

Novelista sueca: Premio Nobel de Literatura /1909*

Escribe, entre otras obras:

LEYENDA DE COSTA BERLING- LEYENDAS DE CRISTO- EL MARAVILLOSO VIAJE DE NILS HOLGERSSON EN SUECIA - EL MUNDO DE LOS GNOMOS - EL HUESPED DE MEDIA NOCHE

Amanda Labarca ha dicho de ella:

Para (S.L.) lo misterioso y lo real forman un mismo todo: son cualidades de un solo mundo, el amplio universo en donde habita su genio. Y si meditamos un momento, no podremos menos que aceptar con ella, que, hasta el más pequeño fenómeno natural, hasta el más imperceptible vagido de un niño, o en el más finísimo batir de alas, se esconde un misterio. De él venimos, somos sus hijos y no lo comprendemos".

Género: Cuento.

La lectura - Lenguaje y Literatura - Guion

El Petirrojo

Sucedió un día que, hallándose Nuestro Señor en el Paraíso, pintando los pájaros, se le acabaron los colores de la paleta, de modo que el jilguero hubiese quedado incoloro de no darse la casualidad de que el buen Dios no había limpiado aún todos los pinceles.

Fue también entonces cuando Dios dotó al asno de unas orejas largas, por su dificultad de retener su nombre.  Lo olvidó apenas hubo dado unos pasos por las vegas del Paraíso, y tres veces se vio obligado a volver a preguntar cuál era su nombre. Así es que Dios, un poquito impaciente, lo tomó por ambas orejas, y le dijo:

– Tu nombre, es: Burro, burro, burro.

Y mientras así hablaba fue estirando las orejas del asno, de modo que éstas fueron creciendo a fin de que oyera mejor y no olvidase lo que se le decía.

El mismo día tuvo que imponer un castigo a la abeja. Apenas fue creada ésta comenzó a acumular miel.  Y cuando el hombre y los animales percibieron su aroma delicado acudieron para probarla.  Pero la abeja quiso guardarla toda para sí y echaba a todos los que se acercaban al panal, a fuerza de picarles con su venenoso aguijón.  Viéndolo Dios, llamó inmediatamente a la abeja para imponerle un castigo.

– Te he dotado de la facultad de acumular miel – dijo Nuestro Señor –, que es el producto más dulce de la creación; pero no te he concedido el derecho de ser dura con tus prójimos.  Así, pues, no olvides que toda abeja que pique a alguien que quiera probar su miel, expiará con su vida la picadura.

Sí, esto sucedió el día en que el grillo se tornó ciego y la hormiga perdió sus alitas. ¡Sucedieron tantas cosas curiosas aquel día!

Dios lo pasó sentado, majestuoso y amable en su trono, crea que te crea, animándolo todo con su hálito, y hacia el fin de la tarde se le ocurrió crear todavía un pequeño pajarillo gris.

– ¡Te llamarás petirrojo! -dijo Dios al pajarillo, cuando lo tuvo terminado.  Y colocándolo sobre la palma de su mano, lo dejó volar.

Y cuando el pajarillo hubo revoloteado durante un rato, contemplando la hermosa tierra donde tenía que vivir, le entraron ganas de contemplarse a sí mismo.  Entonces observó que era completamente gris, y su pecho, por consiguiente, del mismo color que el resto de su cuerpo.  El petirrojo volvíase y revolvíase mirándose en el agua; pero en vano, ni una sola pluma colorada descubrió en sí mismo.

Y el pajarillo volvió presuroso junto a Nuestro Señor.

Dios permanecía sentado, bondadoso y amable en su trono.

De sus manos se desprendían mariposas que revoloteaban en torno a su cabeza, las palomas arrullaban en sus hombros y en torno suyo brotaban de la tierra rosas, azucenas y margaritas.

El corazón del pajarillo palpitó violentamente, lleno de miedo, pero, trazando airosos círculos, fuese acercando más y más a Dios, hasta que se posó en su mano.

Entonces el Padre celestial inquirió qué deseaba, y el pajarillo contestó:

– Quería preguntarte una cosa.

– ¿Que deseabas saber?

– ¿Por qué llamarme petirrojo si desde el pico a la punta de la cola soy completamente gris? ¿Por qué llamarme petirrojo si no tengo la menor mancha roja en mi cuerpo?

Y el pajarillo, con sus grandes ojos negros y suplicantes, miró al Señor, moviendo la cabecita de un lado para otro.  En torno suyo veía faisanes de purpúreo plumaje, salpicado ligeramente de oro, a papagayos con tupidas gorgueras, gallos con crestas encarnadas, mariposas, peces de colores y rosas que surgían por doquier.

Y pensaba el pajarillo:

– Me falta tan poco, siquiera fuese una gotita de color en el pecho para convertirme en un hermoso pájaro y con aspecto adecuado al nombre... ¿Por qué he de llamarme petirrojo si soy completamente gris?

Una vez hubo hablado así, el pajarillo esperó a que el buen Dios le dijera:

– Ay, amiguito, advierto que he olvidado pintar de rojo las plumas de tu pecho; espera, que esto es cosa de un momento.

Pero Nuestro Señor limitóse a sonreír amablemente, y dijo:

– Te he llamado petirrojo, y petirrojo te llamarás, pero tú mismo tienes que proceder a ganarte las plumas rojas del pecho.

Y el buen Dios alzó la mano y nuevamente lo envió al mundo.

El pajarillo voló pensativo por el Paraíso.  ¿Cómo iba, un pajarillo tan pequeño como él, a ganarse las plumas encarnadas?

De lo único que se vio capaz fue de elegir su nido en un zarzal.  Entre las espinas del tupido arbusto edificó su nido.  Parecía esperar que una hoja de rosa se adhiriera a su cuello y le cediera su color.

Había transcurrido un tiempo infinitamente largo desde aquel día, que fue el más fausto de todos los días de La Tierra.  Desde entonces hombres y animales abandonaron el Paraíso, esparciéndose por el mundo.  Y los hombres habían adelantado de tal modo que sabían labrar la tierra, fabricaban vestidos y objetos de adorno y hacía tiempo que habían aprendido a edificar amplios templos y grandes ciudades como Tebas, Roma y Jerusalén.

Y amaneció un nuevo día que no se olvidará nunca en la historia del mundo.  En la mañana de aquel día se hallaba sentado el petirrojo en una colina pelada, en las cercanías de la ciudad de Jerusalén, advirtiendo con su canto a sus pequeñuelos, que descansaban en su nido entre el bajo matorral, que su narración acerca de lo que había sucedido aquel día de la creación, era aún inexplicable.  Y les hablaba de la distribución de nombres, como venía contándolo desde entonces cada petirrojo a sus pequeños.

– Ya lo veis –terminó diciendo tristemente–, tantos años transcurridos desde el día de la creación, tantas rosas marchitas, tantos pajarillos salidos de los huevos, tantos que nadie podría contarlos, y, sin embargo, los petirrojos siguen siendo grises.  Todavía no han conseguido ganarse la manchita colorada.

Los pequeñuelos abrieron desmesuradamente sus piquitos y preguntaron si sus antepasados no se habían esforzado en realizar aquel heroico paso para conseguir la conquista del precioso color encarnado.

– Todos hemos hecho lo que hemos podido – acotó el pajarillo – pero ninguno de nosotros hemos tenido éxito alguno.

Apenas el primer petirrojo advirtió a otro pajarillo, que era su fiel retrato, empezó a amarle con todo el ardor que sentía en su pecho.

– ¡Ah...! – pensó – Ahora lo comprendo todo.  El Buen Dios cree que debo amar con tal ardor que la llama amorosa sea capaz de teñir el plumaje de mi pecho.  Pero no lo consiguió, como después de él tampoco lo consiguió ninguno; de vosotros habrá de decirse lo mismo...

Los menudos pajarillos gorjeaban afligidos, al pensar que jamás el color rojo teñiría las plumitas de su pecho.

– También habíamos confiado en nuestro canto -relató el viejo pajarillo en largos trinos y sostenidos gorjeos.

Ya el primer petirrojo cantaba tan bien, que su pecho se llenaba de entusiasmo y de esperanza.

– ¡Ah...! – pensó – las plumas de mi pecho se teñirán con el ardor de mi canto entusiasta. Pero no lo consiguió, como ninguno lo ha conseguido, ni tampoco vosotros lo conseguiréis.

De nuevo fluyó un gorjeo quejumbroso de las pequeñas gargantas medio peladas de los jóvenes pajarillos.

– Confiamos, además, en nuestro atrevimiento y en nuestra valentía – continuó el pajarillo.  Ya el primer petirrojo luchó como un valiente, con otros pájaros, y su pecho ardió de entusiasmo belicoso.  Las plumas de su pecho se tiñeron con el ardor de la pelea; pero no lo consiguió después ninguno, ni vosotros lo conseguiréis.

Los pequeños gorjeaban llenos de confianza que, a pesar de todo, tratarían de alcanzar el anhelado premio; pero el pajarillo les respondió afligido que aquello era imposible ¿Cómo iban a conseguirlo, si otros antepasados famosos no habían podido alcanzarlo? ¿Qué iban a....?

El pájaro no acabó la frase, pues, por la puerta de Jerusalén se acercaba una multitud hacia la colina donde se hallaba el nido de los pájaros.

Se acercaban caballeros en briosos corceles, guerreros con largas lanzas, ayudantes del verdugo con clavos y martillos, sacerdotes y jueces avanzaban con pasos solemnes, mujeres que sollozaban, y, tras de todos ellos, una masa de pueblo bajo y salvaje, de vagabundos repugnantes que bailaban y chillaban.

El pajarillo gris hallábase, tímido, al borde de su nido. A cada momento temía que aplastaran el débil zorzal en que se refugiaba y que mataran a sus pequeñuelos.

– Tened cuidado – gorjeó para prevenir a los imberbes pajarillos – Apretaos unos contra otros y no rechistéis, ¡cuidado, que viene un caballo que va a pasar por encima de nosotros...! ¡Allí llega un soldado con sandalias claveteadas! Por allá avanza toda la horda salvaje.

De pronto, el pajarillo detuvo sus exclamaciones, quedóse mudo e inmóvil, olvidando casi el peligro en que se hallaban, y finalmente, metióse en el nido y extendió las alitas sobre sus pequeñuelos.

– No, eso es demasiado terrible – gorjeó – Quiero evitaros esa visión.  Allí van a crucificar a tres malhechores.  Sólo percibieron atronadores martillazos, lamentos y el barullo del populacho furibundo.

El petirrojo siguió con la vista el horrible espectáculo, y sus ojillos se dilataron por el espanto. No podía apartar su vista de los tres desdichados.

– ¡Cuán crueles son los hombres! – gorjeó al cabo de un rato – No les bastó clavar en la cruz a esos tres seres, sino que, además, le han puesto a uno de ellos una corona de espinas. Veo claramente manar sangre de su frente, herida por la corona.  Y ese hombre es tan bello y tiene una mirada tan dulce, que todo el mundo debiera amarle. A la vista de sus martirios parece que me traspasara el corazón con una flecha.

La pena del pajarillo por el ajusticiado que llevaba la corona de espinas, fue creciendo por momentos.

– Si yo fuera hermano del águila -pensó- arrancaría los clavos que perforan sus manos, y con mis fuertes garras ahuyentaría a todos sus verdugos.

El petirrojo vio como la sangre goteaba de la frente del Crucificado, y no pudo permanecer más tiempo quieto.

– Aunque soy pequeño y débil, es preciso que haga algo por ese pobre mártir - gorjeó para sí.  Y abandonó su nido, y voló por los aires.  Dio varias vueltas en torno al Crucificado hasta acercarse a él, pues era un pájaro tan tímido que nunca había osado aproximarse a las personas.  Pero, poco a poco fue tomando ánimos hasta llegar a la frente del Crucificado, hasta arrancarle, una espina.  Y mientras esto hacía, salpicó una gota de sangre al pecho del pajarillo, tiñendo de rojo el delicado plumaje de su garganta.

El Crucificado abrió sus labios y susurró al pajarillo:

– En premio a tu piedad has merecido lo que tu estirpe viene anhelando desde el día de la creación.

Cuando el pajarillo volvió a su nido, le gorjearon los pequeños:

– Tu pecho es rojo, las plumas de tu garganta son rojas, más rojas que las rosas.

– Esto no es más que una gota de sangre del Crucificado. Desaparecerá cuando me bañe en el arroyo o en la fuente – gorjeó el a pajarillo por toda respuesta.

Pero por más que el pajarillo sumergióse en el agua, el color no se borró de su pecho, y cuando crecieron sus pequeñuelos, brilló la mancha roja, como la sangre, en las plumitas de su pecho, tal como brilla aún hoy día en el pecho de todo petirrojo.

Idea temática

El asunto del cuento trata de un pajarillo, el que fue creado por Dios, “completamente gris”.

A través del desarrollo de una idea tan simple, Selma Lagerlof refiere que tuvo que producirse un hecho mágico, una entrega de amor para que todos los petirrojos lleven una motita encendida de color en el pecho, una motita roja, como la sangre, en las plumitas de sus pechos, tal como brilla aún hoy día en el pecho de todo petirrojo.

1. Argumento. Tema central. Temas subsidiarios.

Cuando Dios creaba el mundo, creó también, al fin de la tarde del último día, un pequeño pajarillo gris, al cual llama “petirrojo”.

Este, que se había contemplado -es de suponer- en una fuente de agua- fuese hasta donde Nuestro Señor para solicitarle que lo convirtiera “en un hermoso pájaro y con aspecto adecuado al nombre” Dios le dijo, entonces, que era el mismo petirrojo el que debía proceder a ganarse las plumas rojas en el pecho. Así fue, en efecto, al cabo de un “tiempo infinitamente largo desde aquel día”.  Y vino a suceder que en cierta ocasión en que el petirrojo refería a su prole la historia de sus antepasados, he aquí que, muy cerca de ellos, hombres más fieros que chacales crucificaban a tres desdichados.  El petirrojo contempló la escena pavorosa, y dijo de uno de ellos que era tan bello, y que miraba tan dulcemente, que todo el mundo debiera amarle.  Y fuese a arrancarle una espina de la corona que hería su cabeza.  Entonces sí que se produjo un hecho mágico, una otra entrega de amor, salpicó una gota de sangre el pecho del petirrojo, tiñéndolo de color rojo.

De vuelta a su hogar, dijéronle sus hijos:

– “Tu pecho es rojo, las plumas de tu garganta son más rojas que las rosas” Es decir, el petirrojo había ganado la belleza principal para su cuerpo: la sangre de Dios.

Temas subsidiarios:

a. Dios tuvo la bondad de dotar al asno de unas orejas largas, por su dificultad de retener su nombre. Lo olvidó apenas hubo dado unos pasos por las vegas del Paraíso, y tres veces vióses obligado a volver a preguntar cuál era su nombre.  Así es que Dios un poquito impaciente, lo tomó por las orejas y le dijo:

– Tu nombre es burro, burro, burro...

Y mientras así hablaba, le fue estirando las orejas, de modo que estas fueron creciendo a fin de que oyera mejor, y no, con certeza, no olvidara lo que se le decía.

b. “La pena del pajarillo por el ajusticiado que llevaba corona de espinas, fue creciendo por momentos…

– Si yo fuera hermano del águila -pensó- arrancaría los clavos que perforan sus manos y con mis fuertes garras ahuyentaría a sus verdugos”.

Personajes: centrales; secundarios.

– Dios bondadoso pero olvidadizo.

– el petirrojo: un pajarillo con una enorme capacidad de amar.  Pese a sus limitaciones físicas, efectúa una proeza mayor, la de aproximarse hasta donde iba a morir Nuestro Señor. Y antes: la declaración de que el crucificado merecía ser amado por todos los hombres.

Hay una frase sustantiva respecto de la grandeza del petirrojo: “Aunque soy pequeño y débil, es preciso que haga algo por ese pobre mártir...”.

– Los hijos del petirrojo (estos son los personajes secundarios)

Paisaje:

1. Específicamente el Paraíso y, en él, un trono, iluminado por el amor de Dios, por el color mágico de las mariposas, por el canto de las aves, por la belleza brotante de la tierra con rosas, azucenas y margaritas...

2. Una colina pelada, cerca de Jerusalén.  Es decir, un ambiente de sordidez.  En la colina un zarzal, y, en él, un nido.

3. Desde el zarzal, pero en otro plano, se ve a los crucificados “Horrible espectáculo”, dice la autora, al punto de que pone en la boca -el pico- del pajarillo esta expresión:

“¡Cuán crueles son los hombres!”

4. Otros paisajes internos.

Esencialidad: El amor, aún como una expresión de los seres débiles y postergados, es siempre grande y luminoso. Sólo el amor nos salva.

Conexiones con otras obras

Desde el punto de vista del género, el cuento El Petirrojo, se ubica junto a:

“En Nazaret”, de la misma autora.

Desde el punto de vista de la temática religiosa, se ubica junto a: (muestra significativa)

“El juglar de nuestra señora” inmortal obra de Anatole France.

Desde el punto de vista también temático, pero incidente en lo mágico, este cuento se ubica junto a “El Patito Feo” de Cristian Andersen. Repara en este momento:

“Vio debajo de él su propia imagen, pero ya uno era un ave torpe, de un gris oscuro; fea y desgarbada.  ¡Era un cisne! No importa haber nacido en un corral si uno sale de un huevo de cisne...”.

Desde el punto de vista de la belleza de las expresiones literarias, este cuento se ubica -esto es “El Petirrojo”-, junto a “El Loco” de Santiago Rusiñol.

Conexiones con la realidad:

El petirrojo es parecido, en cierto modo, al cardenal.

Modo de expresión

Salta a la vista que la autora expresa sus ideas con alta belleza literaria. Bastan unos cuantos ejemplos:

… … … “Sucedió un día que, hallándose Nuestro Señor en el Paraíso, pintando los pájaros, se le agotaron los colores de la paleta, de modo que el jilguero hubiese quedado incoloro de no darse la casualidad de que el buen Dios no había limpiado aún los pinceles”.

… … … “Fue también entonces cuando Dios dotó al asno de unas orejas largas, por su dificultad de retener su nombre”.

… … … “Apenas el primer petirrojo advirtió a otro pajarillo que era su fiel retrato, empezó a ajarle con todo el ardor que sentía en su pecho”.

Expresiones rectas:

La lectura - Lenguaje y Literatura - Guion - Expresiones Rectas

El buen Dios alzó la mano.

S.S.

El pajarillo voló presuroso.

S.S.

(Yo) … Quería preguntarle una cosa.

S.I.

(Tú) … Deseas saber.

S.I.

El Crucificado abrió sus labios.

                                   P.S.

El pajarillo detuvo sus exclamaciones.

                                    P.S.

 

Secuencia

“… … ¡Te llamarás Petirrojo! – dijo Dios al pajarillo, cuando lo tuvo terminado.  Y colocándolo sobre la palma de su mano, lo echó a volar.

Y cuando el pajarillo hubo revoloteado durante un rato, contemplando la hermosa tierra, donde tenía que vivir, le entraron ganas de contemplarse a sí mismo.  Entonces observó que era completamente gris, y su pecho, por consiguiente, del mismo color que el resto de su cuerpo ...”.

Expresiones trasladadas (acuérdate del símil y de la metáfora)

“En torno suyo veía faisanes de purpúreo plumaje salpicado ligeramente de oro …”.

“El buen Dios cree que debo amarte con tal ardor que la llama amorosa sea Capaz de teñir el plumaje de mi pecho”.

Estilo y corrección expresiva

“Y abandonó su nido y voló por los aires.  Trazando amplios círculos dio varias vueltas en torno al crucificado sin acercarse a él, pues era un pájaro tan tímido que nunca había osado acercarse a las personas.  Pero, poco a poco, fue tomando ánimos hasta llegar a la cruz y con su menudo piquito sacó una de las espinas de la frente del crucificado.

Y mientras esto hacía, salpicó una gota de sangre el pecho del pajarillo, tiñendo de rojo el delicado plumaje de su garganta.

Y el crucificado abrió los labios y susurró al pajarillo:

– En premio a tu piedad has merecido lo que toda tu estirpe viene anhelando desde el día de la creación”.

a. En el comienzo de los párrafos aparece la palabra “y".  Circunstancia que confiere al trozo cierto encanto semejante al que se percibe en La Biblia, b. El diálogo está claramente diferenciado por el guion mayor y la sangría (espacio en el trozo:)

Y el crucificado abrió los labios y susurró al pajarillo:

– En premio a tu piedad has merecido lo que toda tu estirpe viene anhelando desde el día de la creación”.

Brevedad y belleza en las expresiones: adjetivación.

“Y el pajarillo volvió presuroso junto a Nuestro Señor”

“Sí, esto sucedió el día en que el grillo se tornó ciego y la hormiga (luminosa) perdió sus alitas”.

“Y el pajarillo, con sus grandes ojos negros y suplicantes, miró al Señor, moviendo la cabecita de un lado a otro”.

Puntuación

– Tu nombre, es: Burro, burro, burro. … … …

– ¡Te llamarás petirrojo! – dijo Dios al pajarillo, cuando lo tuvo terminado. Y colocándolo sobre la palma de su mano, lo echó a volar”.

Vocabulario

osado. atrevido, audaz.

estirpe. raíz, tronco de una familia

barullo. confusión

corceles. caballos muy ligeros. Gallardía

(“Se aproximaban caballeros en briosos corceles...”)

Síntesis

Resumen. El cuento El Petirrojo, de Selma Lagerlof ha enriquecido mi vida interior; después de leerlo, siento que también yo puedo hacer algo por remediar el dolor ajeno.