El zorro y las cabras (Fábula)

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Un zorro perseguía a un hato de Cabras.  Las Cabras, despavoridas y balando lastimeramente, corrían a deshacerse, salvando los obstáculos de pedrones y arbustos con saltos espectaculares; y también por las partes más difíciles de riscos y desfiladeros de montañas.  Pasmaban por la temeridad con que lo hacían.  Les guiaba un chivo que sobresalía por su tamaño.  El Zorro por detrás con la misma facilidad salvaba las dificultades.

Y logró acorralar a las Cabras en una especie de aprisco natural.  Peñas verticales rodeaban el lugar.  En el estrecho callejón plantóse el Zorro, lamiéndose ya la boca.

Entonces el chivo, dándose cuenta de la desesperada situación en que se encontraban, se encaró al Zorro diciéndole:

— Bueno, has ganado.  Pero antes de que te des un banquete con nosotros, tienes que demostrarnos que eres digno de la astucia que te caracteriza.

— Tú dirás.

— Tengo referencias que eres muy resistente al frío.  Quisiera que me lo demuestres.

— ¿Cómo quieres?

— Que te sientes sobre este hielo; pero no tienes que decir ¡alalau! (*)

(* voz nativa.  Interjección exclamativa del que siente frío)

— ¿Eso no más? ¡Ja ja ja! … ¡Qué, pues, le va a hacer frío a tu papa! Y apareció tieso.

La astucia no siempre es signo de inteligencia.

a. Control de lectura.

— ¿Cuál es el contenido de la fábula?  Expliquen con claridad y secuencia.

b. Expresión oral.  Contesten al cuestionario.

- ¿A través de qué actitudes se puede reconocer la astucia del Zorro?

- ¿Por qué este animal es la personificación de la astucia?

- ¿Qué opinión tienen de la confianza del Zorro?

- ¿Qué conclusiones positivas han sacado de la fábula?

- Comentar sobre la sinceridad y la hipocresía.

c. Expresión escrita.  Amplíen el anterior diálogo entre el Zorro y las Cabras.  Verán que les ha de resultar entretenido fantasear.

d. Ortografía.  De la fábula háganse dictar las palabras que presentan dificultades en cuanto a letras y acentuación.  Ejemplos:

perseguía

hatos

despavoridas

obstáculos

dándose

salvaba

diciéndole

plantóse

lamiéndose

caracteriza

hielo

apareció

signo

increíbles

 

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destaquen con rojo los errores, corrijan, y la palabra correcta escríbanla cinco veces.  Mejor, si lo hacen repitiendo o vocalizando.  La mano y oído se acostumbran.

 

Información gramatical

Clases de oraciones

Vamos a extraer de la presentación de Nick varias opciones para que aprendan a diferenciarlas y a usar los signos de entonación adecuadamente.

“¿Cómo les cayó la vacación de fin de año?”  (interrogativa)

“El cine está haciendo estragos en nuestra juventud” (afirmativa)

“¡Ah, las preguntas que puedo hacerles!” (exclamativa)

“Anden rectos” (imperativa)

Lo busco y no lo encuentro (afirmativa y negativa)

¡Ojo! El uso adecuando de los signos de entonación; esto es, de los de admiración (¡!) y de los de interrogación (¿?) es muy importante.  Su uso equivocado o su omisión puede dar origen a confusiones.

Práctica.  En el cuaderno de ejercicios elaboren otras oraciones parecidas; mejor si lo hacen repitiendo en voz alta para que el oído se acostumbre a diferenciarlas.  Darle el tono, adecuando a cada una, es importante.

Iniciación literaria

La fábula

— ¿Han notado que la fábula anterior encierra una enseñanza moral?

— Por lo tanto, la fábula es una composición literaria breve que trata de inculcar alguna enseñanza moral mediante la ficción donde intervienen seres irracionales como si fueran humanos.  También puede intervenir el hombre.

— Asimismo por medio de la ficción se puede hacer dialogar, por ejemplo, “hacha” con “árbol”, “piedra” con “hielo” o, simplemente hacer monologar, digamos a la

“montaña”.  A esta forma de personificación se llama prosopopeya.

— En consecuencia, la prosopopeya consiste en atribuir a las cosas inanimadas acciones y cualidades propias de los seres humanos.

Aplicación.  Pueden hacer hablar a la montaña.  A ver, hagan la prueba.  Yo soy la montaña… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

 

Nota de Nick.  No había caso con don Temis.  Un día nos planteó un cuasi enigma diciendo: “Por qué será que los expertos en educación nunca toman en cuenta a las fábulas o fabulistas nacionales ¿no?”  En clase nadie pudo responderle.