Presidencia de Adolfo Ballivián

1. Personalidad de Adolfo Ballivián.

2. Elección Presidencial.

3. Administración y Política Exterior.

4. Muerte de Ballivián.

1. Personalidad de Don Adolfo Ballivián. — Don Adolfo Ballivián nació en La Paz, el 15 de noviembre de 1831; fueron sus padres el General José Ballivián y doña Mercedes Coll.  Antes de cumplir los doce años fue subteniente en la escolta del vencedor de Ingavi, y a los 16 años por su brillante comportamiento en el combate de Vitichi fue ascendido a Capitán.  La educación esmerada que recibió en los buenos tiempos del gobierno de su padre desarrollaron las magníficas dotes naturales del joven, que no sólo se preparó en la carrera militar sino también en las bellas artes en la literatura.  A la caída de su padre, continuó sus estudios en un colegio mercantil de Valparaíso, estudió inglés que llegó a hablar con perfección.  Sobresalió en música a la que se había dedicado desde niño llegando a ser compositor de gusto delicado. Su temperamento artístico no le impidió ser diestrísimo en el manejo de las armas.

Durante muchos años peregrinó por el extranjero y sufrió grandes penalidades y miserias.  En tiempo de los gobiernos de Belzu y Córdova tomó parte en varias expediciones revolucionarias, unas veces en favor de su padre y otras por Linares.  Cuando estalló la revolución de septiembre de 1857, contra Córdova, cayó prisionero en el Terrado.  Conducido a Potosí, se le juzgó y condenó a muerte, fue necesaria la influencia de los amigos de su padre para retardar la ejecución; entre tanto se revolucionó el pueblo de Potosí, siendo nombrado por los revolucionarios intendente de policía.  Triunfante la revolución Linarista, fue nombrado edecán del nuevo mandatario Linares que apreciaba las bellas prendas personales de Ballivián lo hizo su amigo predilecto.  Poco tiempo después, pasó a ser jefe de un escuadrón de caballería, con el grado de Teniente Coronel.

Cuando el dictador fue víctima del golpe de Estado, el 14 de enero de 1861, Ballivián que se hallaba acantonado con el cuerpo de su mando en el pueblo de Sapahaqui, indignado por la traición de quienes creía los más obligados a ser fieles al dictador, arrojó sus insignias militares y se retiró a la vida privada Repugnaba formar parte de un ejército que se prestaba a miserables ambiciones.

Esta noble conducta le valió la simpatía de sus conciudadanos, quienes lo eligieron diputado por Pacajes e Ingavi a la Asamblea Constituyente.  Con tal motivo demostró sus excelentes dotes de orador y político, atacando virilmente al gobierno y defendiendo con vehemencia al dictador caído con el que se ensañaban los representantes oficiales.  Al defender su firmeza política en la Asamblea, decía: “Es más fácil abjurar de las creencias que sostenerlas; para lo primero basta un momento; para lo segundo no siempre alcanza toda una vida colmada de infortunios”.

A pesar de ser uno de los diputados más jóvenes, mereció ser elegido Presidente de la Asamblea.  Reelegido diputado en las legislaturas de 1862 al 64 tiempo en que sus discursos fueron elocuentes lecciones de civismo y entereza personal.  En una de esas sesiones, con motivo de que el Presidente Achá había intentado reformar la Constitución del 61, mediante la “apelación al pueblo” y obtener mayores prerrogativas para sostener su situación, el diputado Ballivián, en medio de un vehemente discurso, exclamó dirigiéndose al Presidente: “ ¡La Constitución no es vuestra, General Achá.  No se hizo para vos, sino para Bolivia. No es el emporio de vuestras pretensiones; es el código de nuestras garantías!” El Presidente Achá tuvo el buen sentido de no insistir.

Sus valientes actitudes en el parlamento, pronto le ocasionaron ser perseguido y desterrado. Estando en Londres recibió el título de Cónsul General que le envió Melgarejo.  Ballivián, a pesar de la estrechez de sus recursos, devolvió el nombramiento a Melgarejo, con esta breve nota: “Devuelvo a usted este nombramiento que no puedo aceptar”.

Después de siete años de destierro volvió a su patria convertido en jefe de un partido político que se había formado espontáneamente entre sus admiradores.  De tal modo que antes de que estuviera presente en el país ya su nombre había sido presentado para la candidatura presidencial y luego elegido como Presidente Constitucional.

2. Elección Presidencial. — Convocado el pueblo a elecciones el primer domingo de mayo, bajo la presidencia del Dr. Frías, se presentaron tres candidaturas; la de Adolfo Ballivián por el partido constitucional, la de Casimiro Corral por el partido civil y la de Quintín Quevedo por los antiguos amigos del sexenio. Ninguno de los candidatos obtuvo la mayoría requerida, Ballivián si bien salió en primer lugar, apenas tenía 6.300 votos, Corral algo más de 5.000 y Quevedo 3.300. Entonces, según lo disponía la Constitución, correspondió a la Asamblea elegir al Presidente, de entre los candidatos que hubieran obtenido más sufragios.  Esta, bajo la presidencia de don Daniel Calvo, y con asistencia de 60 diputados, realizó la elección, que tampoco dio la mayoría de dos tercios que se necesitaba. Efectuada la segunda votación, el candidato Ballivián obtuvo 41 votos contra 19 en favor de Corral.

Proclamado don Adolfo Ballivián como Presidente Constitucional para completar el período correspondiente al General Morales, fue investido del mando el 6 de mayo de 1873. Inmediatamente fue organizado el gabinete con el siguiente personal: Mariano Baptista, Ministro de Gobierno; Rafael Bustillo, de Hacienda e Industria; Daniel Calvo, de Justicia e Instrucción Pública y Mariano Ballivián de Guerra.

El 10 de mayo Sé clausuró la Asamblea extraordinaria, después de haber cumplido el fin o sea la designación de Presidente de la República, para el que fuera convocado.

El nuevo Presidente invitó al señor Casimiro Corral a una legación en el exterior, pero éste, despechado por su derrota en las elecciones, rehusó la oferta y se retiró a Puno, desde donde siguió atizando la discordia interna en beneficio de sus ambiciones.  Más tarde se confabuló con su antiguo rival, el General Quevedo, contra Ballivián hasta hacer que sus partidarios que habían logrado por el sólo afán de destruir al gobierno y de obstaculizar sus planes por mucho que ellos en su mayor parte fueran convenientes al país, a su porvenir y seguridad exterior.

3. Administración y política exterior. — Lo primero que preocupó al presidente Ballivián fue el desastroso estado de la hacienda pública. El presupuesto nacional de 1873 acusaba un déficit cerca de 80 por ciento fuera de que había que cumplir con varios pagos de empréstitos contraídos anteriormente.

Para llevar a cabo el plan financiero que Ballivián había proyectado desde cuando estuvo en Europa y obtener la aprobación del Legislativo, convocó a un nuevo Congreso extraordinario. Ante él presentó Ballivián su proyecto, que consistía en contraer un empréstito de dos millones de libras esterlinas, que servirían principalmente para consolidar la deuda externa e interna, atender a la construcción de ferrocarriles importantes y necesarios y la adquisición de barcos de guerra para proteger y vigilar las costas del Pacífico, cuyas riquezas en creciente explotación cada día estaban desamparadas de la soberanía nacional y a merced de Chile que ya venía dando muestras inequívocas de su ambición.

La Asamblea entró a considerar tan importante proyecto; pero una mayoría de ella se mostró adversa, experiencia de los despilfarros de otros gobiernos temieron poner en manos de Ballivián los fondos de una operación tan cuantiosa que hasta entonces jamás había dispuesto gobierno alguno en el país; otros, impulsados ciegamente por su odio político no quisieron permitir que un gobierno que no era de sus simpatías pudiera emplear tanto dinero en hacer una administración acertada y meritoria.  Finalmente, otros diputados, que no tuvieron siquiera la entereza de oponer francamente al proyecto del gobierno, optaron por abandonar las sesiones a riesgo de dejar sin quorum la Asamblea. Cuando llegó el momento de la votación, apenas estaban presentes 44 diputados.  En favor del proyecto de Ballivián, estuvieron 22 y otros tantos en contra, le correspondió decidir con su voto al presidente de la Asamblea, Manuel Rendón, quien lo decidió en contra.

Entonces, el Ejecutivo pidió que los diputados le señalasen otros medios para salvar el desastre económico.  La Asamblea se limitó a señalar la necesidad de hacer economías en el presupuesto; pero esta medida era insuficiente.  Por último, seis meses más tarde y después de mucha controversia, se optó por autorizar al gobierno a contraer un empréstito, pero solamente por un millón de libras y aun limitando con desconfianza el interés, la prima y el tipo, cosas que dificultaban y casi imposibilitaban la operación.

La desconfianza de la Asamblea causó profunda amargura a Ballivián.  Hablando de este asunto con un personaje muy amigo suyo le decía: “Me tratan como al más bribón de los administradores; no me prestan el crédito que se concede al último de los mayordomos; la ignorancia y el ultraje se dan la mano para herirme”.

De todas maneras, era ya tarde para cualquier empréstito exterior.  La bancarrota de las acciones del empréstito Church de Londres al que Bolivia no pudo responder y otras circunstancias adversas hicieron imposible la operación.  La guerra del 79, debía demostrar la falta de visión de la Asamblea del 1873.

Otro asunto que se trató durante la administración de Ballivián fue el referente a definir la situación de la Compañía Anónima de Salitres de Antofagasta, la que pretendía obstinadamente la legislación de las excesivas concesiones obtenidas de Melgarejo.  Pródigo todavía el gobierno de Ballivián, convino un arreglo que se llamó la “transacción”.  Pero por el cual la compañía quedaba propietaria de los salares y eximida del pago de todo impuesto fiscal o municipal por espacio de 15 años.  Y cuando la misma empresa ofreció espontáneamente al gobierno boliviano la participación del 10 por ciento de sus utilidades líquidas, no se le aceptó por “decoro nacional”.

Comprendiendo el Presidente Ballivián que las riquezas naturales del litoral boliviano eran la base del porvenir económico del país, y que por tanto había que defenderlas por todos los medios contra las crecientes ambiciones de Chile que desde 1843 venía desenvolviendo una política de avance, trató de buscar la mejor manera de protegerla.  Por eso fue que había propuesto la creación de una pequeña fuerza naval para vigilar las costas.  Desgraciadamente la imprevisión de la mayoría de los representantes de la Asamblea no le permitió cumplir este aspecto de su patriótico anhelo.  Además, trató de buscar para Bolivia alianzas internacionales que le permitieran imponer respeto frente a la ambición chilena.  El Perú, que tenía respecto de las salitreras y huanos de su costa, el mismo temor por Chile, había resuelto establecer el “Estanco del Salitre”; pero, para efectuarlo quiso buscar aliados.  Con este fin invitó a Bolivia y a Argentina a formar una alianza defensiva.  A la sazón, Ballivián, al volver de Europa para asumir el mando, pasó por Lima y, de acuerdo con los propósitos del gobierno peruano, firmó el tratado de alianza, el 6 de febrero de 1872, que fue aprobado por el Congreso el 2 de junio.  El presidente argentino Sarmiento, también aceptó la alianza, pero el Senado de aquel país no la consideró siquiera.

Con todo, seguro el Perú de su alianza con Bolivia llevó a cabo el estanco.  Chile, que no se sintió preparado para la aventura guerrera, disimuló mientras se iba fortaleciendo para dar el golpe en la ocasión oportuna.  Entretanto, los aliados creyendo salvada ya la situación, olvidaron el tratado y olvidaron también prepararse para el momento en que llegara la necesidad de auxiliarse mutuamente.

4. Muerte de Ballivián. — Apenas escasos ocho meses llevaba Don Adolfo Ballivián en la presidencia de la República, cuando su salud desbastada de tiempo atrás por una enfermedad crónica incurable, llegó al agotamiento físico, a consecuencia de las recargadas atenciones de la administración nacional.  Muchas veces cayó desfalleciente en pleno gabinete.  Sus amigos le aconsejaron tomar un descanso necesario; pero él, sostenido únicamente por la firmeza de su voluntad y la magnitud de su deber, se resistió a abandonar su trabajo.  Pero llegó un momento en que la entereza de su espíritu no bastó para dominar la debilidad del cuerpo.  Al fin se vio obligado a expedir un decreto por el que se separaba temporalmente del mando supremo y designaba en su lugar al Dr. Tomás Frías, que por ser Presidente del Consejo de Estado estaba señalado por la Constitución a reemplazar al Presidente cuando fuera necesario.

Así terminó, el 31 de enero de 1874, la administración de Ballivián.  El ilustre enfermo se retiró a Ñuccho, propiedad campestre de Don Gregorio Pacheco, a 5 leguas de Sucre.  El 14 de febrero, a las once de la mañana, se puso agónico.  Tomóle en brazos su médico y le preguntó con ansiedad: “¿Qué desea usted, señor?”, a lo que Ballivián contestó; “Morir” y esa fue su última palabra.

Etiquetas