Presidencia de Frías

1. Personalidad del Dr. Tomas Frías.

2. Actos administrativos.

3. Revoluciones.

4. Caída y muerte de Frías.

1. Personalidad del Dr. Tomas Frías. Nació en Potosí el 21 de diciembre de 1805.  Hizo sus estudios en humanidades en Chuquisaca.  En 1826 se graduó de doctor en leyes.  Fue secretario privado del Mariscal Sucre.  El año 1831 fue elegido representante al congreso por Potosí.

Estando en desacuerdo con la política de Santa Cruz abandonó el país y se fue a residir en París. A la caída del Protector fue enviado a Chile como Encargado de Negocios.  El general José Ballivián le encomendó la cartera de Hacienda y más tarde lo nombró su Secretario General.  Volvió a ser ministro de Hacienda del doctor Linares.  Durante la tiranía de Melgarejo dejó nuevamente el, país y se estableció en Europa.  A la caída de Melgarejo fue designado Prefecto de La Paz. Nuevamente elegido diputado, fue designado presidente de la Asamblea en 1872.  En estas circunstancias supo mantener serenamente la dignidad de su cargo frente a los ultrajes de Morales a la Asamblea.  Después de la súbita muerte de Morales y en virtud de haber sido nombrado Presidente del Consejo de Estado, tuvo que hacerse cargo del mando de la República, investidura que aceptó solamente por el tiempo suficiente para hacer la elección del nuevo mandatario.  Las elecciones que con tal motivo le tocó presidir gozaron de la más completa libertad, sin que el gobierno ejercitara intervención alguna.  Habiendo salido elegido don Adolfo Ballivián a él entregó Frías la presidencia de la República en presencia de la Asamblea nacional.

2. Actos Administrativos. — El Dr. Frías que en la oposición tanto había luchado por los principios constitucionales y acusando valientemente las tiranías y despotismo de los gobernantes, cuando subió a la presidencia de la República ejerció un gobierno serio y honrado, ajustando todos sus actos a la Constitución vigente.

Si bien, en la primera vez que subió a la presidencia, a la muerte de Morales, el doctor Frías se había negado a permanecer, como le correspondía legalmente, el tiempo que faltaba para llenar el período constitucional de cuatro años, tal como le pidió el país, en esta segunda oportunidad aceptó la presidencia por el resto del período constitucional.  Esta aparente contradicción fue explotada por sus enemigos políticos; pero Frías explicó que las circunstancias eran diferentes.

Frías continuó la política de su antecesor y mantuvo el mismo gabinete.

Debiendo renovarse una parte de la representación de la Asamblea, según lo disponía la Constitución, se llevaron a cabo las elecciones en forma correcta y con tanta imparcialidad por parte del gobierno, que la oposición triunfó varios distritos, principalmente en La Paz.  Por esto, las sesiones legislativas fueron ardientes; pues los representantes opositores aprovechaban toda ocasión para combatir al gobierno y discutir apasionadamente sus proyectos, seguros sobre todo que jamás serían perseguidos por el legalista y tolerante mandatario.

A pesar de la dificultosa situación económica por la que atravesaba el país, se logró cancelar el empréstito Valdeavellano; contraído por Morales y que al final ascendía a 637.000 pesos.

En medio de grandes dificultades económicas pudo organizarse una expedición exploradora que, partiendo de Sucre, hacia el Este, terminase en Bahía Negra u otro punto más conveniente de la margen boliviana del río Paraguay.  Desgraciadamente esta expedición tropezó con muchas dificultades y apenas pudo avanzar nueve leguas más allá del río Izozo.

El ejecutivo presentó ante el Congreso un importante proyecto: La Ley Orgánica de Conscripción militar, tendiente a organizar el ejército, no como hasta entonces conforme a las conveniencias de los caudillos militares, sino de acuerdo a las ordenanzas constitucionales, a fin de que el ejército no se debiera a sí mismo, sino a la institución armada que se deba únicamente a la patria, sea la garantía de su tranquilidad la defensa eficaz de su integridad territorial. “La anarquía que ha sufrido Bolivia —dijo Frías ante el congreso, al presentar su proyecto— desde su cuna no ha sido nunca anarquía popular; ella fue siempre anarquía militar”.

El 15 de enero de 1874 se dictó el Estatuto de Instrucción, que comprendía tres aspectos principales: 1º Difundir gratuitamente la instrucción popular; 2º Establecer la libertad de enseñanza y 3º Enseñar la instrucción primaria a las municipalidades.

También durante esta administración se firmó un nuevo tratado de límites con Chile, por el cual quedó consagrada la pérdida del antiguo territorio boliviano hasta el paralelo 42º y se seguía conservando una semi soberanía en la zona comprendida entre este paralelo y el 32º es decir continuando la mancomunidad con Chile en la explotación de los productos durante 25 años.  Quedaban también libres de todo impuesto los capitales, mercaderías e industrias chilenas.  Con estas ventajas la población chilena acudió a establecerse en el Litoral como una verdadera tierra de promisión; en cambio los escasos pobladores bolivianos quedaron en inferiores condiciones y sin alicientes ni apoyo del gobierno.  Así comenzó la verdadera conquista del Litoral en forma pacífica pero segura; la guerra del Pacífico no fue sino el esfuerzo final de esa conquista.

3. Revoluciones. — La oposición al gobierno del Dr. Frías se hizo muy fuerte aprovechándose del respeto a la opinión y de las garantías constitucionales que el gobierno trataba de mantenía a toda costa.

La firma del funesto tratado de límites con Chile bien pudo ser una noble bandera para combatir al gobierno; pero los opositores daban importancia únicamente a las cuestiones internas, a sus ambiciones personales y a sus odios de partido. Por su parte, el Dr. Frías dio muestras de debilidad de carácter y de fatal condescendencia al exaltar a Daza, permitiéndole que su ascenso a General no le impidiera seguir al mando del batallón 1º.  Algo más, cuando invitó al engreído militar a hacerse cargo de la cartera de Guerra, viose el Presidente de la República en el caso humillante de viajar desde Sucre a Oruro para encarecerle personalmente que aceptara el ministerio.  Daza ante esta elocuente prueba de su prematuro poder, aceptó el ministerio, pero retuvo el mando del batallón.

El grupo político que con más saña combatió al gobierno fue el de Casimiro Corral.  Pero, la revolución propiamente fue iniciada en Cochabamba por otro partido, el que reconocía como Jefe al General Quevedo.  Fue el batallón 3º que en la hombrada ciudad se amotinó el 30 de noviembre de 1874 proclamando a Quevedo; pero este, sea por sincero desinterés o porque no viera factible su éxito, desautorizó el movimiento y el batallón se disolvió: El Batallón “Verdes” que estaba de guarnición en La Paz, se sublevó, proclamando también a Quevedo; los soldados embriagados se hicieron dueños de la ciudad y durante tres días cometieron los mayores excesos.  Quevedo, esta vez, marchó a ponerse a la cabeza de los sublevados.  En la ciudad logró ponerse de acuerdo con Casimiro Corral y ambos formaron un “Directorio Supremo” para gobernar el país. Quevedo, tomó la dirección militar y Corral los asuntos administrativos.

En cuanto el Presidente Frías tuvo conocimiento de estos sucesos, se puso inmediatamente en campaña.   A pesar de sus setenta años, se situó, en pocos días en Catamarca, camino a La Paz.  Los revolucionarios le presentaron combate en Chacoma, el 18 de enero de 1875.  El ejército leal, sin embargo, no obstante, su inferioridad, logró derrotar a las fuerzas de Quevedo.

Hasta el alejado departamento Litoral fue agitado por los enemigos del gobierno. Producida la sublevación, no tardó ésta en ser batida por las mismas autoridades del departamento.  Comisionado para marchar a esa región el General Daza con una parte del batallón l9 llegó cuando todo ya estaba tranquilizado.

Mientras tanto, Cochabamba volvió a levantarse.  Marchó inmediatamente hacia allí el Dr. Frías y la tomó, después de dos días de asedio.

Durante la ausencia de Frías y de su ejército en acción contra Cochabamba, había quedado desguarnecida la ciudad de La Paz.  De esto se aprovecharon los enemigos del gobierno para atacar el palacio.  En él se posesionaron para defenderlo los ministros Baptista y Calvo junto con los jóvenes empleados de los ministerios.  El 20 de marzo las turbas revolucionarias rodearon el palacio y lo atacaron encarnizadamente.  Los defensores, que esperaban auxilio de una parte del batallón 1° que había quedado situado en Viacha, rechazaron el ataque en forma decidida.  Viendo los asaltantes la inutilidad de sus esfuerzos, se valieron del incendió para arrojar a los defensores; pero estos se mantuvieron heroicamente, hasta que propagado el fuego y estando en llamas todo el edificio que se derrumbaba y habiendo perdido muchos compañeros, efectuaron con los pocos sobrevivientes una salida desesperada.  En estos críticos momentos aparecieron las fuerzas de Viacha mandadas por el Coronel Juan Granier, que derrotó a los amotinados y restablecer el orden y el imperio de la ley.

4. Caída y muerte de Frías. — Pacificada la República de todos los intentos revolucionarios, el Presidente Frías se estableció en La Paz, en abril de 1876.  Se aproximaba la fecha de las elecciones presidenciales y el gobierno fiel a su propósito de hacer efectivos los derechos y libertades de los ciudadanos, se consagró con todo empeño a dar la más completa libertad electoral, así como a guardar absoluta imparcialidad sin apoyar a ninguno de los candidatos, por mucho que hubieran sido alguno de ellos sus colaboradores.

Se presentaron dos candidatos.  El Dr. José María Santivañez y el General Hilarión Daza.  Este último, creyendo que sus triunfos en favor del gobierno durante las anteriores revoluciones, obligaban a Frías a apoyar su candidatura, se sintió ofendido por la imparcialidad oficial.  Por su parte, el partido de Santivañez se hacía más fuerte con el esfuerzo de los partidarios de otro candidato, el Dr. Belisario Salinas.  Esto hizo temer a Daza por su éxito electoral, y mal aconsejado por el Dr. Jorge Oblitas, optó hacer uso de la fuerza de que disponía para apoderarse de la presidencia.

En efecto, el día 4 de mayo, en víspera de las elecciones, Daza destacó soldados de su batallón que, apostados en las diferentes reparticiones del palacio de gobierno, mantuvieron preso en sus respectivos despachos al Presidente y a los Ministros.  El Dr. Frías quiso salir de su despacho, pero fue detenido por los centinelas: “Me habéis seguido largo tiempo —les dijo, os conozco; me conocéis; soy el Presidente de la República”.  “Ese soy yo” — respondió Frías —.  Pero un nuevo grito: “Viva el Presidente Daza”, le hizo conocer que el golpe estaba consumado.

El país con su indiferencia contribuyó a consolidar la situación de Daza.

Mediante la activa intervención del cuerpo diplomático, el anciano ex-presidente fue sacado de su prisión y conducido al convento de la Recoleta.  Pocos días más tarde salió desterrado.

Frías, en el último y viril intento de recuperar el mando, quiso dirigirse al Litoral para provocar una reacción; pero era ya tarde. Allí estaban los caudillos Corral y Quevedo que habían resuelto aceptar y servir al gobierno de Daza.

Frías se dirigió a Europa, estableciéndose en la ciudad de Florencia.  Durante la guerra del Pacífico representó a Bolivia en París como Encargado de Negocios, habiendo rechazado el elevado cargo de Ministro Plenipotenciario y cediendo dos terceras partes de su sueldo para gastos de guerra.

Cumplida patrióticamente su misión, volvió a Florencia, donde dejó de existir el 1ᵒ de marzo de 1884.

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