Durante el siglo XX, Bolivia realizó tres grandes reformas educativas, siendo la última, la de 1994, la que mayor impacto ha tenido sobre la concepción del nuevo hombre boliviano.
El mejoramiento de la calidad de la educación ha constituido una tarea permanente en Bolivia. Ese esfuerzo se ha orientado a la educación de los indígenas y ha logrado reducir drásticamente el analfabetismo.
Debido a razones históricas y socioculturales, los indígenas de tierras bajas (guaraníes, chiquitanos, mójenos y otras etnias), tuvieron escasa presencia en la vida nacional en comparación con quechuas y aymarás.
La Ley de Participación Popular fue adoptada en 1994 como una alternativa a la descentralización que fuera frenada el año anterior. Consiste en una transferencia de recursos del gobierno central a 310 municipios.
Sánchez de Lozada obtuvo la presidencia en 1993 con una plataforma electoral llamada “El Plan de Todos” cuyo punto central consistió en un inédito esquema privatizador de empresas públicas llamado “capitalización”.
Durante 50 años (1941-1991), el MNR tuvo un solo jefe: Víctor Paz Estenssoro. Para sucederlo surgió Gonzalo Sánchez de Lozada, acaudalado empresario que, desde muy niño, hasta sus 25 años, vivió en Estados Unidos.
El 1992 y siguientes, conmemorando el V Centenario del Descubrimiento de América, se adoptaron en Bolivia nuevas medidas y normas legales para proteger los derechos de los pueblos prehispánicos u originarios.
Al amparo de las condiciones favorables creadas por la apertura democrática, en la década de 1980 aparecen nuevos partidos políticos que buscan representar a los sectores bajos y marginados de la ciudad y del campo.
El país quedó estupefacto cuando, el 6 de agosto de 1989, Jaime Paz, quien obtuvo el tercer lugar en el voto popular, fue elegido por el Congreso presidente de la república gracias a su archienemigo Hugo Banzer.